miércoles, 22 de octubre de 2014

La importancia de traer hijos al mundo


Dentro de la jerarquía de los valores eternos, los 
hijos son lo más elevado. Para la aritmética de Dios, el 
hombre tiene más valor que las galaxias, los soles y los planetas; 
ellos son simplemente su creación, pero el hombre es su hijo. 
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos 
Días, como instrumento organizado de la voluntad de 
Dios sobre la tierra, ha expresado claramente que los 
niños son en verdad la gran herencia del Señor, y que 
cualquier interferencia que  eproduzca con las fuentes 
de vida, por razones indignas, es un pecado muy grave 
ante la "vista del Señor. Por eso la Iglesia habla con voz 
bien clara sobre situaciones como el control de la natalidad, 
aborto y explosión demográfica. Y da énfasis a que la 
'herencia de Jehová son los hijos; cosa 
de estima el fruto del vientre' (Salmos127:3). 

"¿Cuánto vale un hijo?¿Y su hijo? Cuando era un bebé 
su espíritu vino del cielo de Dios el Eterno Padre. 
El espíritu de su bebé es como un ángel puro viviendo 
en un pequeño cuerpo. Vino de la presencia de 
nuestro Padre Celestial, y llegó a vivir con ustedes 
solamente por un tiempo corto durante esta vida en la carne, 
pero para siempre en espíritu y en el estado resucitado...
(DavidO.McKay,"Th eWorthofa 
Child,"ImprovementEra,Oct.1965,pág.853.) 


El mandamiento de multiplicar y henchir la tierra está aún en vigencia

"El Señor nos ha dicho que es el deber de cada 
esposo y esposa obedecer el mandamiento dado a 
Adán de multiplicar y henchir la tierra, para que las 
legiones de espíritus selectos, esperando por sus 
tabernáculos de carne, pueden venir aquí y avanzar 
en el gran designio de Dios para llegar a ser almas 
perfectas, pues sin estos tabernáculos carnales no 
pueden progresar hacia su destino planeado por Dios. 
Por lo tanto, cada matrimonio deberá convertirse en 
padres y madres de Israel; de niños nacidos dentro del 
santo y eterno convenio... 

"Ningún padre puede eludir esa obligación y esa 
responsabilidad, y para que cumplamos debidamente 
con esto, el Señor nos va apedir que rindamos estricta 
cuenta. No hay deber más enaltecedor que pueda 
asumir el hombre mortal" (First Presidency [HeberJ. 
Grant,J. Reuben ClarkJr., DavidO. McKay] en CR, 
de octubre de 1942, pág. 12). 






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